Una bitácora de viaje para tiempos de pandemia en clave de Pedagogía Ignaciana

Una bitácora de viaje para tiempos de pandemia
en clave de Pedagogía Ignaciana
Ricardo Moscato[1]
Ante la “tempestad imprevista que deja al descubierto
las falsas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas y que hizo
caer el maquillaje con el que disfrazamos nuestros egos” como dice el papa Francisco, frente a la perdida imprevista de la carta
de navegación con sus proyectos y planificaciones del año, nos planteamos recuperar
los aprendizajes institucionales logrados en clave de pedagogía ignaciana.
Haciendo memoria agradecida, registrarlos y comunicarlos en una bitácora de
viaje de construcción colectiva. Para
ir avanzando hacia nuevos paradigmas educacionales a partir de
esta situación
excepcional, motivados por sentirnos parte de una “tradición viva en el siglo
21”, con el ejercicio constante del discernimiento y en diálogo con nuestro
tiempo.
Desde la excepcionalidad del contexto, de
emergencia sanitaria, cuarentena y suspensión de clases presenciales nos fuimos
preguntando ¿cuáles fueron las prioridades para esta etapa caracterizada por un
formato de educación a distancia y entorno digital? ¿Qué cambiamos de nuestras
estrategias y modalidades habituales, respecto a objetivos, metas, estrategias
pedagógicas y didácticas a la luz de esta inédita experiencia? ¿Qué cambiamos
en clima escolar, atención pastoral y vínculos? Como la imagen evangélica de la
vid que necesita podarse para revivir, ¿es esta una ocasión para una pedagogía
ignaciana flexible, reflexiva y creativa? ¿Qué debemos “podar”? ¿Qué podemos
cambiar? ¿Cómo se expresó creativamente nuestra identidad?
Valorando la
Pedagogía Ignaciana en estos tiempos alterados, se trata de poner a los alumnos en el
centro, las prioridades en la perspectiva del acompañamiento integral de las
personas, la escucha y el diálogo con todos los miembros de nuestra comunidad
educativa, la calidad de los aprendizajes, el trabajo colaborativo y una eficaz
comunicación entre los equipos directivos, docentes y familias
Plantearnos, ante todo, las preguntas por los aprendizajes integrales y
su evaluación formativa en modo emergencia. En lo socio afectivo, sostener el
vínculo. En lo pedagógico, priorizar y seleccionar metas de aprendizajes
articuladas, renovando metodologías con nuevas tecnologías y competencias
digitales. En lo espiritual, cercanía provocando aprendizajes existenciales, profundizar la dimensión de
"sentido", poner en el centro de nuestra propuesta a Jesús, Salvador,
creando las condiciones para que sea posible "buscar y hallar su
voluntad". En todo, acompañar y compartir, con los más pobres y excluidos,
especialmente afectados por la emergencia global
Acompañar,
aprender y compartir
Nadie podía imaginar que viviríamos este
primer semestre del 2020 a la distancia, migrando de un colegio fuertemente
presencial, con el tono del acompañamiento y del encuentro, a un vínculo
educativo a través de plataformas y entornos virtuales, convirtiendo nuestras
casas en aulas, mientras las aulas y patios del colegio nos esperan. Extrañamos
las aulas, junto a las voces y ruidos de los recreos. Extrañamos los saludos y
los abrazos al llegar al colegio, los aprendizajes y la convivencia cotidiana, rezar
en la Capilla, reunirnos en el comedor, jugar en los patios y disfrutar en el
campo de deportes, salir de campamento, misionar y realizar voluntariados en nuestras provincias
de Santiago del Estero, Salta y Chaco, compartiendo la vida con los más pobres, celebrar
en el salón de actos y tantos lugares con tantos rostros queridos. Extrañamos
los ritos y los símbolos. Lo sentimos, lo vivimos, lo sufrimos. Nos pasan
cosas. Es una crisis. Saldremos mejores o peores. Rezamos. Es momento de poda.
No nos paralizamos en la nostalgia ni en el miedo.
Nos organizamos y nos pusimos en marcha unidos
como comunidad del Salvador. Con la casa grande del colegio cerrada, abrimos
nuestras casas, docentes, alumnos y familias y sostuvimos el vínculo educativo,
al estilo ignaciano, cambiando de forma, métodos y tiempos, desafiándonos a
nuevos modos de aprendizajes integrales con entornos digitales. Y como dice
nuestro lema se hizo el tiempo fuerte de acompañar,
aprender y compartir para en todo Amar y Servir
Cuántas incertidumbres, ensayos, decisiones,
reuniones y consultas, cuántos aprendizajes logrados y en proceso en esta
etapa. Sí, aprendizajes logrados, diferentes, seleccionados, adaptados, que nos
ayudan a ser flexibles en los métodos y fieles en los objetivos de un
aprendizaje existencial con y para los demás. Aprendizajes desplegados en el
tiempo largo del proyecto educativo y no sólo en el espacio de este año tan
excepcional y alterado, que nos ayudan a ponernos en el lugar de cada docente,
de cada alumno, de cada familia y nos hacen más humildes y compasivos.
Aprendizajes institucionales para estar cerca desde el distanciamiento acompañando
a todos y sabiendo comunicar con sentido y calidez.
Con el esfuerzo de todos, se fue construyendo
una nueva rutina de horarios y clases a distancia y en entorno virtual, con
momentos sincrónicos de encuentro y asincrónicos para provocar aprendizajes,
fortalecer lazos y no perder hábitos de estudio. Por otra parte, se pudo promover un trabajo más autónomo de los alumnos,
donde cada uno es responsable de sus tareas. No significa aprendizajes aislados
sino intercambios virtuales de ideas, preguntas, proyectos con compañeros, como
así la consulta con docentes y tutores. Cada nivel fue estableciendo
procedimientos sencillos para dichas consultas de escucha, acompañamiento y
orientación. Prestando especial acompañamiento a los que presentan más
dificultades y corren riesgo de desconectarse. Para los más chicos, junto con
las maestras, también un acompañamiento más afectivo que cognitivo de papa y
mama o algún hermano o hermana mayor según sus posibilidades
Así mismo, con una nueva estructura escolar
digital y en casa, ayudar en la organización familiar, de por sí afectada por
el encierro, las rutinas familiares y laborales alteradas. En todo, siguiendo el principio ignaciano que
más vale bueno que mucho, “no el mucho saber
harta y satisface el ánima, sino el gustar y sentir las cosas internamente”,
tratando de mantener un sano equilibrio para continuar aprendizajes esenciales
sin perder el gusto por los mismos ni caer en un activismo virtual de
apariencias. Evitando actividades sueltas para darles “modo y orden” dentro del
proyecto curricular priorizado y adaptado al nuevo contexto.
Contexto de excepcionalidad para una Pedagogía Ignaciana en emergencia
Nos ha ayudado discernir y actuar desde el terreno fértil de la
espiritualidad y pedagogía Ignaciana, haciendo un ejercicio en su aplicación bajo
la crisis y aprovechando su flexibilidad y creatividad, “según tiempos, lugares, personas”. Nos resuenan los preceptos
trascendentales de Bernard Lonergan S.J.: sé atento, sé inteligente, sé
razonable, sé responsable, ama. Es nuevo sello de identidad y su consistencia
se pone a prueba en tiempos de emergencia.
Como sabemos, nuestra propuesta es de formación integral y comienza con
asumir el contexto que hoy está marcado por una pandemia con una crisis global
sin precedentes. Desde el contexto invitamos a asumir la excepcionalidad de un
tiempo de aprendizajes diferentes, con entornos digitales, en nuestras casas y
con un ejercicio de mayor autonomía de cada uno para provocar una experiencia que queremos
ayudar a que sea fecunda y con sentido. Un contexto donde el tiempo y el
espacio escolar ya no es lo que fue. Un contexto
de rutinas familiares y laborales superpuestas, alteradas, con complicaciones
de espacio y a veces de disponibilidad de medios tecnológicos y conectividad,
que nos exigen un esfuerzo especial de convivencia y colaboración cotidiana.
Un contexto de una situación socio económica de crisis, con creciente
pobreza y dinámicas renovadas de vulnerabilidad y exclusión, ya preexistentes a
la pandemia y agudizadas con ella. Implica nuevas desigualdades, como las
digitales, donde muchos chicos y chicas no tienen acceso a la educación a
distancia por medios virtuales. Son los desconectados y abandonados. Para
nosotros, al disponer de esos medios, re significa el compromiso de educar para
una sociedad más justa y fraterna, con conciencia social y ecológica frente a
un mundo roto, necesitado de reconciliación como la actual crisis nos muestra. Representa
una oportunidad para que nuestro currículo sea más contextualizado y
comprometido asumiendo el cambio de época y estudiando alternativas de modelos
de futuro.
En el espíritu de la Pedagogía
Ignaciana, tratamos de que el vínculo humano y el acompañamiento fueran
mediadores de sentido de los aprendizajes. Contamos para ello con un renovado
trabajo en equipos de directivos, maestras, tutores, profesores y profesoras
que fueron buscando la mejor estrategia, las mejores didácticas en formato
digital y nuevas formas de evaluación formativa, sin descuidar la planificación
hacia el futuro, los cambios que esta situación nos sugiere como oportunidad de
un colegio mejor, en clave de MAGIS, pertinente e innovador.
El Buen espíritu de un nuevo encuentro: educadores y familias
En tiempos presenciales de la
antigua normalidad, muchas veces, entre docentes y familias se sufrían desencuentros
y conflictos. Uno de los diagnósticos de la crisis de la educación señalaba la
ruptura del pacto educativo entre ambos como una de sus causas más profundas.
Sin embargo, en estos días de excepcionalidad, una nueva oportunidad de
encuentro se fue tejiendo silenciosamente entre mensajes, videos, Zoom y
virtualidad, generando un “buen espíritu” compartido a favor de los chicos. Más
allá de “roles y funciones” nos encontramos personas que educamos personas, con
sus potencialidades y fragilidades.
Los docentes, luego de un período
de sorpresa y adaptación, asumieron con flexibilidad y acompañamiento el nuevo
contexto, recuperando el gusto de la comunidad educativa como pertenencia y
misión. Así mismo, se conformaron nuevos equipos como el de educación a
distancia para capacitar y sostener la migración a lo digital. También
surgieron liderazgos en la emergencia, que colaboraron ayudando a los que lo
necesitaban. Y si bien se sintieron expuestos a la mirada de las familias, fue
una mirada de revalorización de su misión y de esfuerzo compartido.
En todos los equipos y personas ha
sido una gran oportunidad para poner a prueba nuestros modos de proceder, como
criterios de reflexión y acción, en tiempos de vulnerabilidades y fragilidades
humanas y sociales. En ese sentido, experimentamos la necesidad de no exigir ni más ni menos que lo necesario y
hacerlo en el kairos, en
el momento que esa exigencia puede transformarse en gracia. Así mismo, conocer los límites de las personas y de los
grupos y ayudar que, en sus proyectos, entren los limites. Y respetar las fuerzas de reservas de una
institución y no maltratar sus límites. Es decir: superar la tentación del
idealismo y del funcionalismo que proyecta el esquema ideal sobre la
realidad, sin tener en cuenta límites y
contexto, tanto por exceso como por defecto.
No solo se trató de mejorar las
competencias digitales sino de fortalecer la comunidad a través de espacios de
oración, como la Pausa Ignaciana. Compartimos la memoria agradecida por su
compromiso, profesionalidad y afecto, sosteniendo al mismo tiempo sus casas y
familias.
Las familias son grandes protagonistas de este
nuevo escenario, con los cimientos de la confianza y la identidad compartida.
Comprobamos que en su mayoría no se perciben como usuarios de un nodo de
servicios sino como partícipes de una comunidad educativa. Les agradecemos
especialmente por compartir sus casas y su corazón, en tiempos de crecientes
problemas laborales y económicos, haciendo un lugar para que los chicos sientan
que vale la pena seguir aprendiendo, que están seguros y acompañados. Ellas nos
ayudan a poder desarrollar juntos aprendizajes integrales que forman habilidades
de personalidad para seguir desarrollando la fe, la paciencia, la empatía, la
resiliencia, la solidaridad y la adaptabilidad en medio de tanto cambio; para
poder fortalecer la autonomía como proceso de auto aprendizajes,
responsabilidad y autoevaluación, en el camino del discernimiento ignaciano.
Pusimos en práctica el diálogo permanente que
habíamos aprendido en tiempos más tranquilos, pudiendo escuchar, comunicar y
animar. Damos gracias por el camino recorrido y nos proponemos asumir
fortalezas y debilidades para mejorar en el espíritu del MAGIS.
Tiempos de discernimientos y purificación de miradas
Es tiempo de pronunciar como nunca tres simples palabras: gracias,
permiso y perdón; de contener lo humano, de practicar la solidaridad con los
más pobres y frágiles. Es tiempo de una nueva austeridad y sencillez,
aprendiendo flexibilidad y creatividad. Tiempo de educar y practicar las
virtudes de siempre: aceptación de la realidad, paciencia, respeto, bondad,
comprensión, fortaleza y templanza. Y desde ya las tres virtudes teologales que
a todas iluminan: Fe, Esperanza y Caridad. Si no las practicamos ahora ¿cuándo? Si no
empezamos por casa ¿con quiénes? Tiempo de pronunciar y practicar dos palabras
muy ignacianas: discernimiento y MAGIS
Asumiendo
este contexto de excepcionalidad como oportunidad, el paso siguiente es el del
discernimiento ignaciano personal y comunitario: ¿qué estamos aprendiendo, qué
saberes nuevos vamos incorporando, que debemos mejorar?, ¿cuáles son nuestras emociones,
ansiedades y preocupaciones?, ¿cómo las compartimos? En clave de pausa ignaciana, ¿cómo está
nuestro corazón espiritual?, ¿qué nos pide Dios en esta situación donde “nadie
se salva solo” y nos necesitamos unos a otros?, ¿qué tenemos que agradecer?, ¿qué
gracia pido para mí y para los demás?
Discernimiento para hacernos conscientes de una espiritualidad y
antropología ignaciana integradora: “todo, todas las cosas”, en una situación que
nos pide educar una mirada que integra, que aprende a “com-poner”, conciliar contrarios
realizando pequeñas síntesis semillas de mayores eficacia y gratuidad,
racionalidad y afectividad, esfuerzo personal y trabajo en equipo, exigencia y
contención, resultados y frutos, lo intrapersonal y lo interpersonal, certezas
e incertidumbres.
Discernimiento
para educarnos la mirada en la
indiferencia ignaciana, una distancia para una suprema cercanía: “tanto
ha de usar de ellas quanto le ayudan para su fin y tanto debe quitarse de
ellas, quanto para ello le impiden” (EE, 23,4 Principio y Fundamento), salidos de nuestras comodidades y
edificios, roles y costumbres, ritos y rutinas. Discernimiento para saber cuáles
son herramientas fecundas para la misión y cuáles “ídolos” desviaban nuestras
energías. Discernimiento para no olvidarnos de ser contemplativos en la acción,
con un Dios que “trabaja
y labora por mí en todas las cosas creadas sobre la faz de la tierra, esto es
se comporta como uno que está trabajando” (EE 236), que está en la
realidad ad modum laborantis, como el
campesino que labora su tierra.
Discernimiento para renovar
nuestra Fe en un Dios que está trabajando en este momento de crisis y nos abre
a la Esperanza. Nuestro mundo, lleno de
contradicciones y desafíos, sigue siendo creación de Dios y objeto de su amor
misericordioso y nos invita ahora más que nunca a “Encontrar a Dios en todas
las cosas, a él en todas amando, y a todas las cosas en él” (Constituciones,
228)
Superando la tentación de la melancolía y de la tragedia, abiertos a la
Esperanza
Y desde el contexto, la experiencia y la
reflexión, haciendo memoria del bien recibido, proponernos acciones de conversión
personal, familiar y comunitaria, apuntando al MAGIS. Superando juntos la mirada melancólica por lo perdido y la
mirada apocalíptica por la “tragedia” del presente. No entrando en la tentación de miradas del corto plazo, agobiada de problemas que provoca repliegue y
parálisis.
Construyendo juntos una mirada discernida,
humilde y evangélica, que descubra
a Dios habitando en medio de nosotros, compartiendo la fe en la promesa de
Jesús “Animo, soy yo,
no teman. Subió entonces con ellos a la barca y el viento se calmó” (Mc.
6,48-51). Viviendo juntos este tiempo de coraje espiritual para enfrentar la adversidad y para abrirnos a la Esperanza,
la “virtud de los pueblos que caminan” desde aprendizajes existenciales con y
para los demás, educando para que la “nueva normalidad” sea más fraterna y
evangélica. Así, nuestra bitácora de viaje será
semilla fértil de una nueva carta de navegación, mar adentro.
Comentarios
Publicar un comentario